lunes, 29 de agosto de 2016

Cuento

La gomerita Blanca


En mayo las flores que trepan por la ventana ya no son turquesas,
 apenas  celestes, un triste cian con vetas blancas.
Y es tan plomiza la bruma por las mañanas,
 Que las colas de zorro hasta muy tarde descansan
Con sus plumeros cargados de gotas pesadas.
En una de esas mañanas salí en busca de mi regadera de latón plata
No para regar, ya de agua bastante tienen las plantas
Es para los bebederos que si no los cambias, se aburren verdes de otoño
Y nadie toma su agua.
Tomé el asa fría de rocío y a cada paso que daba la lata clocaba
Del silencio de pájaros surgió de pronto la estampida de alas,
Al notar mi presencia junto al borde turquesa del espejo de agua.
Alas y hojas se agitan y tiemblan en golpeteos  y chocan
De lo alto una pequeña pluma blanca, se mece en el aire cayendo despacio.
Nadie se mueve, las aves vigilan,
Minado de obsidiana me observa la enramada caoba, oscura y alta
Dicen que tales gemas revelan lo oculto,
Dejan ver al que se esconde, dicen que dicen...
¿será igual con tantos ojitos negros?
¿a que le temen?
La pequeña pagoda no tiene semillas, ni migas, ni nada
Todo está en el suelo, pan y mijo, todo revuelto
¡Qué oportuno!- pienso
Más no hay huellas, ni maullidos delatores, de la sigilosa gata atigrada
Alguien más está en el patio…
Buscan ya mis ojos por los tejados rojos,
No hay gatos foráneos, ni orejas peludas, bigotes, nada.
Se quiebra una hoja seca a los pies del quinotero,
Es solo el viento que pasa,
Haciendo tintinear las frágiles crisalitas que un día fueron racimos de coccíneas rojas azucaradas,
Sigue su paso mareando las hojas de salvia, que despiden su aroma confusas,
Sin saber si fueron o no tocadas.
El cedrón también se queja y llueve su danza alimonada
¡Mis ojos me engañan!
Algo aquí pasa…
Me agacho y sacudo la reja donde hace un mes trepaba la chaucha
Algo cae al suelo
Una gomerita blanca.
¡La quiebro!- me digo y me acerco a tomarla
─ ¡no la rompas!- escucho
─ ¿¡quien habla!?
─ ¡no la rompas!- repite
─ si no veo quien me habla, ¡la rompo!- dije escondiendo en un puño la gomerita blanca
Del romero brinca y se sube a una rama, saca pecho, resopla y extiende una mano
─dame, ¡es mía!- con prepotencia demanda
Tardo unos segundos en salir de mi asombro…
Abro la mano y contemplo el pequeño artilugio
 amarrado con sarcillos secos, Diminuta y blanca,
 no se ha evaporado… 
tampoco el  pequeñín de gorro y botita,
 que no quita el ojo al botín de mi mano.
─ los duendes no deberían de molestar a los pájaros- digo casi pensando en vos alta
─ ¡la culpa es de ellas glotonas, mezquinas! ¡Ya nunca me llevan, solo comen, comen y comen!
─ mhhm! …creo que ya sé de dónde viene el problema.¿ Qué tal si la pagoda rebosara de migas y semillas solo por la mañana?
─ por la tarde entonces las atrapo! Me tomo fuerte de las plumas grises de las tontas torcazas y…- se interrumpe su vuelo imaginario, baja los brazos y pregunta dudoso, como quien a metido la pata─ ¿ me darías mi gomerita blanca, si te digo que es solo para ahuyentar a la gata?
─ solo si me cumplís un deseo
Alza una ceja, asiente y espera cruzado de brazos.
─ que la gomerita blanca la dejes siempre en esta maceta y cada vez que la uses salga una florecita blanca, pero estate atento que el botón  que abra en un solo día sea una perfecta estrella alba.
─ ¡no se vale!- rezonga
─ ¿porqué?- me hago la inocente que no entiende nada.
─ los lirios de agua no florecen hasta la primavera….¡me hiciste trampa!
Se enoja y se esconde.
Apoyo en el colchón de musgo la gomerita blanca y escucho:
─ hasta que salga el primer botón de florecita blanca
¿Acaso yo dije el macetón de barro con lirios blancos?
¿No dijo él en septiembre?
Yo juraría que vi campanillas en enero o diciembre …
─ ¡tramposa, tramposa!- repite y se escapa
Las ratoneras lo persiguen por canteros y ramas

Le chistan y se ríen del bromista que ya no espanta.




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