La
gomerita Blanca
En mayo
las flores que trepan por la ventana ya no son turquesas,
apenas
celestes, un triste cian con vetas blancas.
Y es tan
plomiza la bruma por las mañanas,
Que las colas de zorro hasta muy tarde
descansan
Con sus
plumeros cargados de gotas pesadas.
En una
de esas mañanas salí en busca de mi regadera de latón plata
No para
regar, ya de agua bastante tienen las plantas
Es para
los bebederos que si no los cambias, se aburren verdes de otoño
Y nadie
toma su agua.
Tomé el
asa fría de rocío y a cada paso que daba la lata clocaba
Del
silencio de pájaros surgió de pronto la estampida de alas,
Al notar
mi presencia junto al borde turquesa del espejo de agua.
Alas y
hojas se agitan y tiemblan en golpeteos
y chocan
De lo
alto una pequeña pluma blanca, se mece en el aire cayendo despacio.
Nadie se
mueve, las aves vigilan,
Minado
de obsidiana me observa la enramada caoba, oscura y alta
Dicen
que tales gemas revelan lo oculto,
Dejan
ver al que se esconde, dicen que dicen...
¿será
igual con tantos ojitos negros?
¿a que
le temen?
La
pequeña pagoda no tiene semillas, ni migas, ni nada
Todo
está en el suelo, pan y mijo, todo revuelto
¡Qué
oportuno!- pienso
Más no
hay huellas, ni maullidos delatores, de la sigilosa gata atigrada
Alguien más
está en el patio…
Buscan
ya mis ojos por los tejados rojos,
No hay
gatos foráneos, ni orejas peludas, bigotes, nada.
Se
quiebra una hoja seca a los pies del quinotero,
Es solo
el viento que pasa,
Haciendo
tintinear las frágiles crisalitas que un día fueron racimos de coccíneas rojas
azucaradas,
Sigue su
paso mareando las hojas de salvia, que despiden su aroma confusas,
Sin
saber si fueron o no tocadas.
El cedrón
también se queja y llueve su danza alimonada
¡Mis
ojos me engañan!
Algo
aquí pasa…
Me
agacho y sacudo la reja donde hace un mes trepaba la chaucha
Algo cae
al suelo
Una
gomerita blanca.
¡La
quiebro!- me digo y me acerco a tomarla
─ ¡no la
rompas!- escucho
─ ¿¡quien
habla!?
─ ¡no la
rompas!- repite
─ si no
veo quien me habla, ¡la rompo!- dije escondiendo en un puño la gomerita blanca
Del
romero brinca y se sube a una rama, saca pecho, resopla y extiende una mano
─dame, ¡es
mía!- con prepotencia demanda
Tardo
unos segundos en salir de mi asombro…
Abro la
mano y contemplo el pequeño artilugio
amarrado con sarcillos secos, Diminuta y blanca,
no se ha evaporado…
tampoco el
pequeñín de gorro y botita,
que no quita el ojo al botín de mi mano.
─ los
duendes no deberían de molestar a los pájaros- digo casi pensando en vos alta
─ ¡la
culpa es de ellas glotonas, mezquinas! ¡Ya nunca me llevan, solo comen, comen y
comen!
─ mhhm! …creo
que ya sé de dónde viene el problema.¿ Qué tal si la pagoda rebosara de
migas y semillas solo por la mañana?
─ por la
tarde entonces las atrapo! Me tomo fuerte de las plumas grises de las tontas
torcazas y…- se interrumpe su vuelo imaginario, baja los brazos y pregunta
dudoso, como quien a metido la pata─ ¿ me darías mi gomerita blanca, si te digo
que es solo para ahuyentar a la gata?
─ solo
si me cumplís un deseo
Alza una
ceja, asiente y espera cruzado de brazos.
─ que la
gomerita blanca la dejes siempre en esta maceta y cada vez que la uses salga una
florecita blanca, pero estate atento que el botón que abra en un solo día sea una perfecta
estrella alba.
─ ¡no se
vale!- rezonga
─ ¿porqué?-
me hago la inocente que no entiende nada.
─ los
lirios de agua no florecen hasta la primavera….¡me hiciste trampa!
Se enoja
y se esconde.
Apoyo en
el colchón de musgo la gomerita blanca y escucho:
─ hasta
que salga el primer botón de florecita blanca
¿Acaso
yo dije el macetón de barro con lirios blancos?
¿No dijo
él en septiembre?
Yo
juraría que vi campanillas en enero o diciembre …
─ ¡tramposa,
tramposa!- repite y se escapa
Las
ratoneras lo persiguen por canteros y ramas
Le
chistan y se ríen del bromista que ya no espanta.
